La contradicción expuesta se puede resumir como sigue: el milagro chileno contuvo el costo del trabajo para el empresario (baja densidad sindical y bajos salarios) pero aumentó su costo de (re)producción para el hogar (mercantilización de la vida cotidiana, privatización de servicios básicos). Esto genera una brecha que no se paga en el salario, por lo tanto, a la mayoría en Chile no le alcanza para reproducir la existencia. Cuando se calculan la incidencia de la pobreza y los ingresos autónomos que produce un hogar (su trabajo y jubilaciones contributivas, sacando las transferencias del Estado y el alquiler imputado), la pobreza pasa del 8,6% oficial a 29,4%.

Estos subsalarios, que no logran reproducir la vida de las mayorías, se debe complementar con endeudamiento. En la actualidad la deuda de los hogares equivale a 48% del PIB y 74% de los ingresos disponibles de los hogares. Para 2003 este último dato era de 38%. Existen 11 millones de deudores, más que personas trabajando, que alcanzan los 8,5 millones. De ese número, 4,6 millones son morosos y con una deuda promedio de casi 2.500 dólares. 75% de los morosos corresponde a personas con ingresos inferiores a 650 dólares aproximadamente. Los adultos mayores de 65 años tienen el mayor aumento de morosidad en los últimos cinco años, producto de las bajas pensiones, los altos costos en medicamentos y la baja calidad de la atención de salud pública.

Por eso la carga financiera, esto es, la proporción del ingreso mensual líquido que se dedica a pagar servicios de la deuda, cuotas, intereses, comisiones, etcétera, es de 26%, el dato más alto comparable a nivel internacional. Mientras a las mayorías apenas les alcanza para los gastos necesarios y deben endeudarse para sobrevivir, el 1% más rico del país, según el Banco Mundial, acumula 33% de los ingresos anuales, y las 1.800 personas más ricas obtienen ingresos individuales mensuales de más de 800.000 dólares. Estos súper ricos viven así a costa de la precariedad de millones. El Estado ha financiado tal transferencia hace casi 50 años, tanto en dictadura como en democracia.

Creemos que esto puede dar una mirada de más largo plazo y estructural sobre las movilizaciones por dignidad y justicia que se están dando en Chile. La fuerza represiva actúa con la violencia necesaria para mantener las estructuras del modelo. Por eso las medidas presentadas por Sebastián Piñera, que no tocaban el modelo estructural de acumulación por desposesión, están siendo rechazadas como soluciones y las movilizaciones no sólo se mantienen, sino que aumentan. La mercantilización de la vida cotidiana es así una expresión de la estructura del modelo de acumulación en general. Si se quiere cambiar la vida cotidiana se debe cambiar la estructura. Por ello es que lucha el pueblo.

Alexander Páez es sociólogo e investigador de la Fundación Sol, de Chile, sobre temas relacionados con trabajo, desigualdad, endeudamiento y desarrollo.

(*) Todos los datos de salarios, pobreza y jubilaciones provienen de estudios de la fundación Sol: www.fundacionsol.cl/estudios. Sobre endeudamiento corresponden al “Informe de estabilidad financiera” del Banco Central de setiembre de 2019. Sobre morosidad son del “Informe de morosidad DICOM-Equifax” de la Universidad San Sebastián de junio de 2019. Los datos del 1% más rico corresponden a “Chile: efectos redistributivos de la reforma tributaria del 2014”, Banco Mundial, resumen ejecutivo, 2015.