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Marco Kremerman: el salario mínimo en Chile “alcanza para cuestiones bien miserables”

Publicado por El Ciudadano el 2 de enero de 2018.

El investigador explica que en nuestro país «el salario es doblemente bajo: no solo es bajo en sí, sino que además no existe lo que hay en otros países capitalistas: el salario social, que está vinculado a las prestaciones públicas como salud y, educación entre otros».

Desde este lunes, comenzó a regir el aumento de 6 mil pesos que estaba previsto para el salario mínimo, quedando en 276 mil pesos. Este reajuste es el último pactado en la Ley 20.935  firmada por el actual Gobierno, que proyectó un alza escalonada. Una de $7.500, después $6.500 y luego dos de $6.000.

La Fundación SOL ha sido uno de los actores que ha participado del debate sobre salario mínimo, rebatiendo no solo que las posibilidades de la economía chilena son mayores, sino que el fundamento de establecer un salario mínimo, es que costee la vida, es decir, que asegure la reproducción de los integrantes del grupo familiar.

Marco Kremerman, director de la Fundación SOL, conversó con El Ciudadano sobre esta temática.

¿Qué porción de la sociedad chilena está vinculada al Salario Mínimo?

En general en la prensa se dice que alrededor de 200 mil personas tienen ingresos mínimos, porque se consideran los datos del Seguro de Cesantía o de la Superintendencia de Pensiones, que establece las personas que formalmente cotizan por el mínimo. Sin embargo, cuando uno toma la encuesta de hogares, por ejemplo la Casen o la encuesta suplementaria de ingreso del Instituto Nacional de Estadísticas, uno nota que la cifra es muchísimo mayor.

Hay un concepto muy importante en este debate, que son las gratificaciones. Se trata de un haber vinculado a la participación de utilidades que existe en Chile y que las empresas pagan a los trabajadores. Lamentablemente, esto se ha tergiversado los últimos años y se ha convertido en un costo fijo. Por ejemplo, se contrata a alguien por 380 mil pesos y los empresarios ponen un sueldo base igual al mínimo y la diferencia para llegar a dicha cifra son gratificaciones, que en general en muchas empresas se calculan como 4, 75 ingresos mínimos dividido por 12 meses. Eso da con estas cifras como 109 mil pesos mensuales.

Hay personas que viven con el mínimo más la gratificación -que, en estricto rigor, es el mínimo-, junto a las que viven solo con el mínimo sin gratificación y quienes ganan menos. Entre todos, estamos hablando de cerca de un millón de personas.

¿Para qué se conceptualiza un Salario Mínimo?

Esta discusión se vuelve bien tramposa, porque se pierde el contexto y sus fundamentos, como sucede con la salud, las pensiones u otras. La política de salario mínimo a nivel mundial y nacional, nace con un objetivo claro que no tiene por qué perder su naturaleza; esto es, un piso para que un trabajador o trabajadora pueda, al menos, satisfacer las necesidades básicas de sí mismo y de su grupo familiar. Para eso nace la política, para que no existe empleador que pague un salario a sus trabajadores que comprometa su reproducción.

Si no, no tiene sentido el salario mínimo y se dejaría al mercado.

En Chile este concepto se trabaja desde 1937 bajo el siguiente nombre: Sueldo Vital. Porque debe permitir que se satisfagan las necesidades vitales de los seres humanos. No puede ser que una persona trabajando a jornada completa no pueda sacar a su familia de la pobreza.

Esto se intentó establecer con parámetros en los años 60, hasta antes de la dictadura. Luego, se desnaturaliza completamente, la cifra se va al suelo y bajo el gobierno de Patricio Aylwin tiene un reajuste muy importante. En adelante los ajustes son bajos en términos reales.

Ahora la discusión opera con un piloto automático: cuánto fue la inflación, cuánto fue la productividad, reajustemos en base a esos puntos para no afectar la estabilidad del empleo en la economía. Sin embrgo, la gran omisión es que el salario mínimo está totalmente desalineado con su objetivo.

Tenemos que llevar el salario mínimo, al menos a los propios estándares que el Estado chileno está fijando en relación a la línea de pobreza por ingresos por hogar promedio. La línea está en 417 mil pesos de acuerdo a los datos del ministerio de Desarrollo Social. Es lo que necesitaría una familia de 4 personas.

¿Cuál es la distancia que hay entre el salario mínimo y el salario promedio?

No hay una gran brecha. Eso tiene que ver con dos elementos.

Primero, el salario mínimo al ser tan bajo genera una suerte de efecto faro: ilumina de modo negativo al resto de la distribución salarial de la economía. El resto de los salarios se parece mucho al mínimo: de 5 a 30% más. Por eso, de acuerdo a la última encuesta suplementaria de ingreso, la mitad de los trabajadores gana menos de 350 mil pesos líquidos.

El elemento más importante para el resto de la distribución salarial tiene que ver con la negociación colectiva. En algunos países la discusión del mínimo no es tan importante. Cuando hay poca negociación colectiva, la definición del salario mínimo es importante porque es el único momento en que puede ver incrementado su salario.

¿Para qué alcanza el salario mínimo hoy, para qué debiera alcanzar?

La palabra economía significa administración del hogar. Es su génesis y el sentido común. Nadie dejaría a un hijo con almuerzo y al otro sin. Todos tienen que satisfacer sus necesidades. Hoy alcanza para cuestiones bien miserables: Para ir y volver al trabajo, que es un costo obligatorio. Un kilo del pan al día. No es que uno solo coma pan, pero permite graficar el monto. Lo que sobra alcanzaría para un arriendo básico, con el que no se podría superar una pieza de 150 mil pesos. El 19% se va para cotizaciones (es decir, AFP), salud y seguro de cesantía. Y las personas que además tienen gratificaciones sobre el mínimo, con esos 50 mil pesos más podrían pagar algunas cuentas, la luz, agua, gas, leche. Esa es la distancia entre el valor del salario mínimo y lo que debiera pagar: frutas, verduras, carnes, vestuario, transporte más allá del trabajo y del transporte del trabajador.

En Chile el salario es doblemente bajo: no solo es bajo en sí, sino que además no existe lo que hay en otros países capitalistas, que es el salario social y que está vinculado a las prestaciones públicas: salud, educación entre otros.