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Marco Kremerman califica de insuficiente nuevo salario mínimo de $276.000: «No puede ser que una persona trabajando 45 horas a la semana sea pobre»

Publicado por El Mostrador el 2 de enero de 2018.

«Al descontar las cotizaciones para previsión, salud y seguro de cesantía, este monto alcanza sólo para ir y volver al trabajo, 1 kilo de pan al día, y con lo que sobra, un arriendo básico de $150.000. En Chile, los mínimos sociales no tienen ninguna relación con el costo de la vida», acota el experto.

El economista e investigador de la Fundación Sol, Marco Kremerman, se refirió al aumento del sueldo mínimo a $276.000 -que comenzó a regir este 1 de enero- asegurando que de «ninguna manera» es suficiente para que los trabajadores puedan superar la línea de la pobreza.

Para el experto, esto «no es un problema de los últimos años, es un problema de las últimas décadas (…) la propia métrica que el Estado establece para que una familia promedio de cuatro personas pueda superar la línea de la pobreza es de $417.000 y fracción».

«Muchas personas podrán decir: ‘Si trabajan dos personas ahí sí se puede superar la línea de la pobreza’ pero no es el sentido. El sentido es que una persona trabajando tiempo completo permita sacar a su familia al menos de la pobreza», prosiguió el economista en entrevista con CNN Chile.

En ese sentido, Marco Kremerman explicó la razón de por qué el gremio empresarial se opone a raja tabla a un mayor aumento del salario mínimo.

«Las grandes empresas, si bien no son las mayoritarias que pagan el salario mínimo, pagan por ejemplo las gratificaciones que hoy día se han convertido en un costo fijo. Te contrato por $400.000 y el salario base son $290.000 y $110.000 la gratificación. Esta gratificación muchas veces son 4,75 sueldos mínimos divididos en 12 meses. Por lo tanto, si sube el salario mínimo sube la gratificación. Es por eso que los gremios empresariales se oponen en general al aumento del salario mínimo y se escudan en las pequeñas y micro empresas para ello», indicó.

En esa línea, dijo que de una vez por todas se debe sincerar el debate ya que «no podemos hablar por un lado de modernización capitalista y, por otro lado, un salario mínimo que hoy día permite ir y volver al trabajo, comprar 1 kilo de pan y con lo que sobra arrendar una pieza por $150.000. Eso está desalineado con el objetivo del salario mínimo. Más aún cuando el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta que para 2018 Chile va sobrepasar el umbral de los US$25.000 per cápita en relación al PIB».

«No podemos tener dos Chiles. Uno con un salario excesivamente bajo y este otro a nivel macroeconómico. Al menos Chile debe alinear el salario mínimo con sus líneas de pobreza, que hoy día están en $471.000. Estamos discutiendo con piloto automático. Asumimos que el nivel del salario mínimo ya está en una suerte de equilibrio y no ponemos sobre la mesa que el valor del salario mínimo -que se desalinea en dictadura- jamás ha sido puesto de nuevo en este techo. No hemos el sinceramiento de que el nivel del salario mínimo está desalineado con el tamaño de la economía y reajustar por inflación y productividad. Hay una falsa discusión», recalcó.

«No puede ser que una persona trabajando 45 horas a la semana sea pobre. No puede ser que para completar las necesidades básicas tenga que endeudarse, que es lo que le pasa a muchos trabajadores y trabajadoras en Chile», concluyó el economista de la Fundación Sol.