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Negociación colectiva por la vía del sindicato y con opciones de huelga paralizante, son un inductor de mejoras distributivas.

Bonos en la minería son 19 veces más altos que en el resto de las grandes firmas

lunes, 01 de octubre de 2012
Economía y Negocios

Mario Riveros M.

Los sindicatos del rubro que ya han pactado con las empresas han logrado, además, reajustes que superan por lejos el IPC esperado para este año.Ad portas de las negociaciones sindicales en la minería, en la Segunda Región las constructoras apuran la salida de sus proyectos, las automotoras incrementan sus ofertas de automóviles y el retail se aprovisiona de televisores, lavadoras y refrigeradores de última generación. Todo para contener una oferta que se dispara y que ya comenzó con los procesos de negociación anticipados que han iniciado las empresa, y que terminarán el próximo año, muy cerca del vencimiento de los contratos colectivos.

Este año, el promedio de los bonos pactados por «fin de conflicto» alcanza a los $11,7 millones, una cifra que es normal para la minería pero que supera por mucho al resto de los bonos entregados por empresas del país.

«Es que la minería es un sector especial», dice Luis Grau, director ejecutivo de la consultora laboral KPI Estudios, quien explica que si bien la minera es una industria con un alto peso en la economía, sus bonos se disparan porque, en promedio, en las grandes empresas este ítem promedia los $601 mil, 19 veces menos.

Pero esta diferencia no es un problema para los mineros. Gustavo Tapia, presidente de la Federación Minera de Chile, explica que para ellos los bonos son una recompensa que incluso es injusta con la sacrificada labor que cumplen: «merecemos estos bonos, y aunque parezca mucho para otros trabajadores, es poco para nosotros porque representan una mínima parte de lo que merecemos, por las grandes utilidades de las empresas mineras y por el gran desgaste que sufrimos trabajando para darles esas utilidades».

Además de los bonos, los sueldos de los mineros que ya han pactado subirán un 3,5% en promedio, un punto porcentual más que la inflación esperada en 2012.

Cuestión de fuerza
En las mineras prefieren no hablar públicamente de estos temas, pero en privado afirman que los procesos de negociación con los sindicatos son complejos y muy delicados, por lo que se preparan desde mucho antes para analizar hasta cuánto pueden ofrecer.

Lo mismo hacen los mineros, quienes, dice Gustavo Tapia, estudian no sólo los ingresos de sus empresas, sino también los de sus competidoras, sus costos de producción y el precio del mineral, lo que les arroja un número y beneficios con los que negociar. Por eso, dicen los mineros, las empresas buscan adelantar la negociación y ellos atrasarla, porque mientras más cerca están de la fecha límite, más cerca están de conseguir sus objetivos. En las mineras no olvidan cuando, en julio del año pasado, y tras 15 días de paralización, Escondida debió asumir una pérdida de US$ 400 millones.

Este tipo de negociación sólo es posible por el alto nivel de sindicalización de esta industria. Mientras en el resto de la economía esta cifra ronda el 15%, en la minería los trabajadores sindicalizados superan el 40%, e incluso los subcontratados se han integrado a grupos de negociación colectiva con las mineras.

«Esa unidad es la que les permite a los trabajadores negociar mejores condiciones», dice Gonzalo Durán, economista de la Fundación Sol. Durán explica que, en general, en Chile las mejores condiciones laborales en procesos de negociación colectiva los obtienen aquellos grupos de trabajadores que negocian contratos por medio de sindicatos y que pueden usar legalmente la huelga, pero en la minería esto favorece especialmente a los trabajadores, porque no pueden ser reemplazados con facilidad. «En una empresa de retail , por ejemplo, los vendedores son reemplazados fácilmente, por lo que la paralización no tiene un gran peso negociador, pero en la mina, una persona que maneja el horno no puede reemplazarse», dice.

Pero no todo es malo para las empresas: según el mismo economista, en general las compañías pactan en las negociaciones que los bonos negociados no se contabilicen como renta, sino que como «aportes al sindicato», lo que los convierte en transferencias no tributables.