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“El trabajo es un bien común”: hacia un nuevo modelo social y de desarrollo

Por Patrizio Tonelli, Investigador de la Fundación SOL

Hay que admitir que en un mundo desigual y asimétrico como el actual tiene razón nuestra derecha a parlotear con orgullo de “chilean way” y a decir que pronto, en 2018, vamos a ser un país desarrollado. Es más: mirando a Europa y considerando lo que está pasando en las relaciones laborales europeas hay que admitir que Chile ya es considerado un país desarrollado, representante de un modelo a seguir para enfrentar la crisis económica y los desafíos de la globalización. ¿Pero de qué modelo estamos hablando?

Hablemos de lo que está pasando en Italia, precisamente en la FIAT, fábrica automovilística, la empresa más grande e importante de ese país.

En un contexto nacional marcado por la crisis económica, donde la tasa de desempleo juvenil bordea el 30%, Fiat prometió en el curso del 2010 un plan de inversiones  (llamado “Fabbrica Italia”) para las plantas de Pomigliano (700 millones de euro) y de Mirafiori (1000 millones de euro), con el objetivo de mantener y aumentar la producción de autos en Italia. Mantener empleos en vez de deslocalizar al exterior: muy buen proyecto al parecer ¿pero a qué costo? Vamos a ver un poco más en el detalle:

En junio 2010 (en Pomigliano) y en diciembre 2010 (en Mirafiori), Fiat sometió a las  organizaciones sindicales del sector del metal un acuerdo para la implementación de dichos planes, diciendo: o firman o la prometida inversión no se va a hacer.

¿Qué proponen estos acuerdos? Por un lado un aumento del grado de flexibilidad e intensidad en el uso de la mano de obra, por otro una radical reforma del sistema de relaciones laborales. Las medidas esenciales que caracterizan ambos acuerdos son:

– Para hacer frente a las exigencias productivas la empresa podrá disponer de 120 horas extras obligatorias por trabajador (actualmente el Contrato colectivo del sector prevé 40 horas extras obligatorias), que serán utilizadas sin el acuerdo previo con el sindicato y con un preaviso de 2-3 días máximo. Las horas extras serán efectuadas en el día libre de los trabajadores.

– Con el mismo fin la empresa reorganizará el horario laboral pudiendo elegir, con un preaviso de 15 días, esquemas de 3 turnos de trabajo de 8 horas diarias, o de 2 turnos de trabajo de 10 horas diarias. Al incluir el uso de turnos nocturnos y el turno de 10 horas en estas modalidades, se llega a un considerable aumento de la carga horaria y laboral en el contexto italiano.

– A fines de garantizar  los estándares internacionales de productividad, la empresa introducirá 2 métodos de organización del trabajo orientados a mejorar las prestaciones de los trabajadores: el sistema WCM (World Class Manifacturing) y el sistema Ergo UAS (Universal Analyzing System). Con ellos se determinarán previamente los movimientos que el trabajador deberá cumplir para efectuar una determinada operación, y los tiempos en los cuales ejecutarlos. En este contexto se reducirán las pausas a disposición del trabajador empleado en las “líneas de montaje”: antes eran 40 minutos, ahora 30. Los 10 minutos menos serán pagados. Estimaciones de parte sindical ven que la velocidad de las “líneas de montaje” subirá en un 20% con respecto a las demás plantas.

– Solo los sindicatos que firman dichos acuerdos tendrán derecho a ser representados en los comités de delegados sindicales (RSU), que son los órganos que tienen el derecho de negociar los convenios de empresa y representar a los trabajadores frente al empresario. Eso significa que los sindicatos que no firmarán, desaparecerán de la representación en la empresa. Hasta ahora todas las representaciones sindicales participaban de las elecciones en RSU, independientemente de su consenso a las políticas de la empresa.

– A fines de aplicar dichos acuerdos, Fiat constituirá para las 2 plantas 2 nuevas “razones sociales” que no se asociarán a Confindustria, la asociación de los empresarios italianos que pacta con las Federaciones sindicales nacionales de cada sector los Contratos Colectivos Nacionales (los cuales establecen las condiciones salariales y normativas mínimas validas para las empresas del entero sector). Esto significa que las razones sociales “Fabbrica Italia Pomigliano” y “Fabbrica Italia Mirafiori” no estarán sometidas al instrumento colectivo nacional pactado por el sector del metal si no que solo se regirán por sus respectivos contratos de empresa.

El panorama que se dibuja a futuro es estremecedor. Bajo el chantaje del desempleo masivo (la planta de Pomigliano cuenta con 4.600 trabajadores, Mirafiori con 5.500) se propone un modelo de relaciones laborales autoritario que impide a los trabajadores poder decidir y mejorar su propia condición laboral: se desmantela el Contrato Nacional, se encierra a los sindicatos al interior de la empresa, se eliminan los sindicatos que no comparten las políticas de empresa y se empeoran las condiciones laborales de los trabajadores.

The chilean way ¿les parece? ¿Cómo no recordar, solo para citar algunos, lo que pasa en nuestro país en casos como el de BCI o FASA? BCI dispone, a partir de 1992, de un instrumento llamado “Manual de Beneficios” que unilateralmente fija beneficios económicos y normativos sin que los trabajadores puedan proponer algo autónomamente: así es que en las “negociaciones” que se llevan a cabo en la empresa, para el sindicato se trata simplemente de aceptar lo que establece el Manual. Los trabajadores de FASA, por su lado, durante la pasada primavera estuvieron 32 días en huelga reivindicando cuestiones básicas como el pago de gratificaciones y de sueldos base pares al salario mínimo sin que la empresa y los grandes medios nacionales los escucharan; cuando al final aceptó sentarse a una mesa, la gerencia de la empresa entregó migas.

En Italia, Gobierno, empresarios y parte de los sindicatos hablan de “modernización de las relaciones laborales”, de “cambios necesarios para enfrentar los desafíos que plantea la globalización”, y los trabajadores están divididos. La Fiom (Federación Empleados y Obreros Metalúrgicos), el sindicato más representativo del sector con cerca de 370.000 inscritos, no ha firmado y por eso no tendrá representación alguna en las dos empresas. En ellas, contando con el apoyo del gobierno y de la mayoría de los medios de comunicación, Fiat ha realizado plebiscitos para aprobar los acuerdos firmados con las restantes Federaciones (menos representativas), y el resultado ha sido claro: el 38% (en Pomigliano) y el 46% (en Mirafiori) de los trabajadores los ha rechazado, desmintiendo las expectativas de la empresa (que esperaba un 80% de aprobación por lo menos) y poniendo en claro que no habrá la paz social y la buena gobernabilidad esperada.

El 28 de enero pasado, la Fiom ha llamado a una huelga general del sector del metal en contra de esos “acuerdos” que dio una señal muy clara: en las plantas más importantes del país la adhesión a la huelga alcanzó el 70%, 80% hasta 90% de los trabajadores (ver aquí).

Además, y muy significativamente, ese día junto a los trabajadores del sector marcharon estudiantes, precarios de todos sectores, políticos e intelectuales. Utilizando el eslogan “El trabajo es un bien común”. La huelga del 28 apuntó a movilizar a todos los sectores sociales afectados por la precarización y las lógicas neoliberales. Bajo ese lema, de hecho, Fiom afirma que el respeto del Contrato Nacional y de su carga solidaria, el respeto de la democracia y libertad sindical plantean un modelo de desarrollo social y productivo alternativo, más justo y democrático.

¿Quién decide de las condiciones laborales y productivas? ¿La empresa unilateralmente con sus sindicatos de cómodo? ¿O la negociación con los trabajadores organizados en sindicatos autónomos, representativos y democráticos? ¿Quién decide, además,  las políticas económicas, educativas, ambientales del país? ¿Las empresas, el lucro, el mercado? ¿O deben ser los trabajadores, los estudiantes, las personas directamente interesadas y organizadas?

En todo ámbito de nuestra vida el pensamiento dominante neoliberal nos dice que existen exigencias de competitividad, de costos, de precios que debemos aceptar y respetar: no podemos decidir, por ejemplo, sobre cómo y cuánto trabajar, cuánto ganar, qué y cómo estudiar, qué producir, cómo movernos en las ciudades, etc. Frente a las crecientes exigencias del lucro, se achican los espacios democráticos.

En el fondo “El trabajo es un bien común” habla de la necesidad de construir, alrededor de una renovada centralidad del trabajo y de sus derechos, un discurso público que piense y proponga nuevas formas y espacios de participación de los ciudadanos a las decisiones colectivas.

Distribución de la riqueza, trabajo de calidad, políticas productivas sustentables para el territorio y el medioambiente, educación pública y de excelencia: solo restituyendo a los ciudadanos organizados el derecho de decidir sobre los temas políticos se puede construir una alternativa a quien piensa que no se pueda hacer nada frente a las lógicas globales en las cuales el mercado y las empresas mandan.

El 28 enero ha sido una fecha importantísima no solo para Italia: tengámosla en mente en Chile también, para empezar a botar a la basura todas las bobadas sobre “the chilean way” y poner en marcha otro modelo social y de desarrollo.

Para una profundización de los temas relacionados al tema Fiat, véase este link donde aparece un muy buen análisis de la situación italiana hecha por el analista económico Alvaro Rein http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/rein.pdf